Artrosis o artritis, that’s the question


La diferenciación entre artrosis y artritis es probablemente uno de los motivos más frecuentes de confusión entre los pacientes que acuden a la consulta de Reumatología, la adecuada comprensión de ambos procesos es fundamental cuando queremos explicar las medidas terapéuticas a adoptar así como qué resultados esperamos obtener.

En primer lugar podemos hacer una somera definición de ambos procesos:

  • Artritis; en sentido estricto hablamos de inflamación de la articulación, en este caso la inflamación se origina en la membrana sinovial (tejido que recubre las distintas partes de la articulación en el interior de ésta y se encarga de producir el líquido sinovial, el cual actúa como “lubricante” para permitir el desplazamiento de las estructuras articulares)
  • Artrosis; es a este proceso al que hacemos referencia cuando hablamos de “desgaste” de las articulaciones; el problema se origina en el cartílago articular ( estructura que se encuentra recubriendo las superficies óseas que contactan en la articulación y permite una adecuada movilidad con una mínima fricción)

 

Artritis carpoLa medida fundamental que nos permite diferenciar ambas entidades es conocer cuales son los síntomas que nos refiere el paciente; si bien es cierto que ambas comparten frecuentemente dos características como son el dolor y la limitación funcional, también lo es que el ritmo de dolor es un elemento clave a la hora de diferenciarlas; un paciente con artritis característicamente presentará un dolor que empeora con el movimiento pero persiste en gran medida durante el reposo; en pacientes con artrosis el dolor suele ser especialmente intenso cuando intenta iniciar el movimiento de la articulación tras un período de reposo, mejorando posteriormente (a medida que “la articulación se calienta”) y finalmente vuelve a empeorar si la actividad persiste, pero además el reposo suele conllevar una mejoría importante del dolor.

Junto al dolor y la limitación otros síntomas característicos de la artritis son:

  • Tumefacción de la articulación (aparece hinchada por acumulación de líquido). Es mucho menos frecuente en la artrosis y cuando aparece suele deberse al roce entre superficies articulares que han perdido parte de su congruencia.
  • Calor; la palpación de la articulación muestra un aumento de temperatura
  • Rubor; la piel que recubre la articulación puede aparecer enrojecida.

En la mayoría de los casos la realización de una adecuada entrevista con el paciente y la exploración de la articulación nos dará el diagnóstico con un alto grado de seguridad, lógicamente éste se puede constatar con la realización de estudios de imagen (radiografía, ecografía, etc) y, específicamente en el caso de la artritis, datos analíticos.

Sin entrar en más detalles respecto a las diferentes causas y tipos que se pueden dar en ambas entidades (nos extenderíamos demasiado en este post…), creo que resulta importante hacer hincapié en un aspecto muy importante que justifica la necesidad de no confundir ambos procesos. La artrosis es un proceso que se limita única y exclusivamente a la articulación, podrá ser más o menos severa, pero carente de repercusión más allá de la articulación o articulaciones afectadas; la artritis en no pocas ocasiones constituye una más dentro de una amplia serie de afecciones que pueden darse en el contexto de enfermedades sistémicas (enfermedades en las que se pueden afectar diferentes órganos y estructuras corporales) con las consiguientes repercusiones a nivel médico, pronóstico y terapéutico.


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